Muchos vivimos en Madrid y otros en Oviedo. A algunos les veo mucho en invierno y a otros nada, pero da igual. Nuestros abuelos eran amigos, nuestros padres lo son y los hijos de los que ya son padres empiezan a hacer pandi.
Grao ha cambiado mucho pero sigue teniendo vida de pueblo y en el fondo sigue igual que siempre. Me encanta que salir a comprar la prensa (un trayecto de 100m) se convierta en una hora con varias paradas a saludar, café en el Express mientras comentamos si hace dia de playa (en Asturias hay dos temas recurrentes: el tiempo y la comida), compra en el Alimerka y encuentros con amigos de mis abuelos, ya mayores, con las clásicas frases de todos los veranos: "¿Cuándo llegaste?", ¿Cuando marchas?" o " mucho te pareces a tu tía fulanita".
Para todos nosotros el verano es Asturias, aunque nos escapemos unos días de nuestras vacas a destinos con sol asegurado. Y aunque son veranos más tranquilos que los de hace 10 años, seguimos haciendo los mismos planes y seguimos disfrutando con las mismas cosas: las fiestas de prao, las espichas improvisadas, Santiago y Santa Ana, las excursiones a Luarca o Ribadeo los días de lluvia, la fabada de Casa Florinda, la carne guisada de Pepe el Bueno y las charlas hasta las mil en alguna casa recordando millones de anécdotas.
Estos días hemos coincidido en casa casi toda la familia. Y mola ver que a mis primos y sus hijos esto les divierte. Que los más pequeños juegan, igual que hacíamos nosotros, en el parque de Arriba, que los de 13 siguen yendo en bici al río a comer pipas y que los de 20 llegan a las 7am después de coger el último FEVE desde Pravia.
Y mañana hay mercao en la Plaza, pero eso se merece un post aparte. Igual que los motes. Quien tenga pueblo sabrá de que estoy hablando.